Elena Liliana Popescu: “Todos, han vuelto al océano”

Traducido del rumano por Joaquín Garrigós
EL INSTANTE DEL ENCUENTRO
ELENA LILIANA POPESCU

La libertad del océano reina en la orilla.
Toda la oscuridad aún contiene la luz.
En la ribera de la quietud la inquietud es la ola
y de lo que fue deja sólo el mundo que vendrá.

Y todo parece nada cuando buscas inmortalidad,
y en la muda desesperación el silencio es la palabra.
La infelicidad en sí misma contiene felicidad
cuando, humilde, dejas este mundo.

Una tenue ilusión esconde la verdad,
sólo para esclarecerla cuando se marcha
Lo que es ahora transitorio y que
se vuelve eterno en el instante del encuentro.

DIME
ELENA LILIANA POPESCU

A mi esposo, Nicolae

No creíste
que podrías vencer
cuando, renunciando a las armas,
lucharas contra tu propia imagen
por tu liberación.

Nunca podrás mirarte
a los espejos que te muestran
débil o altivo,
impávido o cobarde,
según tus deseos…

Te lo dijeron
pero no lo creíste…

En el país sin espejos,
«¿cuál será tu rostro?»,
te preguntarás entonces
una vez más, y lo sabrás
si quieres dejar que la respuesta
llegue por sí sola…

¿Qué tienes que perder
si la búsqueda es
la única realidad posible?

¿Cuál es el camino?
se pregunta el que marcha
sin saberlo por el único camino
por donde puede llegar.

¿Llegar a dónde?
Si él ya está allí
aunque no pueda saber aún
que ha ganado.

¿Hay alguna competición más temible
que aquella en que tú
eres el único y obstinado participante?

¿Pero cómo se puede luchar
cuando el adversario lleva
como amuleto
solo tu rostro?

«Pierde toda esperanza», te dijeron
para que pudieses esperar de verdad.
Pero, dime, ¿de qué le sirve la esperanza
al que lo tiene ya todo?
¿O saber el camino de vuelta
al que ya ha llegado?

NO TE HE DICHO HASTA HOY
ELENA LILIANA POPESCU

No te he dicho hasta hoy
que los días pasan
sin contarme
sus pequeños avatares cotidianos,
que los mares, todos, han vuelto al océano
y que su lecho seco llora en silencio
la viveza de sus olas de antaño,
que la tristeza carece ya de palabras
y los recuerdos
tampoco pueden ya vivirse igual,
que la vida es y no es
lo que parecía ser entonces,
ni un mañana perdido en el pasado,
que he visto
cómo el polvo lo cubre todo,
el perdón y el odio a la vez,
que el aspirar a lo mejor
se impregna del lastre
más fino posible,
carga cuidadosamente oculta
entre los pliegues de la memoria de aquel ser
cada vez más desconocido,
que el olvido no existe
ni tampoco la lejanía
salvo, quizá, en nuestros sueños
de cada día
donde nos retiramos
tantas veces
para poder volver
de tanto en tanto
a nuestro sueño de siempre, allí
donde nos detenemos cada vez
para poder volver algún día…

No te he dicho hasta hoy
que el río prepara su lecho
para el retorno a casa
después de peripecias sin cuento,
y los seres que albergó
durante un tiempo
corren desamparados
sin saber que su vida
significará en adelante
algo que los asustará de muerte
en su limitado entendimiento,
que el cieno de las profundidades
está más preparado que nunca
para aceptar las nuevas formas de dolor
para poder aspirar al conocimiento,
que todo es absolutamente
insoportable allí, donde todo
le parece cada vez distinto
al que solo sabe ver
lo que puede verse,
que la inmensidad puede abarcarse
con el último pensamiento,
que puede convertirse en el primero
solo una vez en la vida,
o que el punto sea
tan grande que abarque
toda la inmensidad de formas distintas
cuyas ignoradas propiedades
se compenetren hasta la identidad
en sus esencias inmortales,
que el camino es vía y meta en todas partes
donde haya pugna y creación,
pensamiento y esperanza,
traición y agradecimiento,
que todo el aliento
está listo para emprender el viaje
y llegar allí
de donde no pueda ya irse
sin sufrir la mayor de las desilusiones
del que sabe…

No te he dicho que la estación
se transforma momento a momento
en la virtud de una ley no descubierta
por especialistas omniscientes,
para ir al compás de los cambios
producidos en mentalidades inalteradas,
ni que las verdades
son tan peligrosas
como las no verdades
cuando uno se obstina
en ponerlas a prueba,
o en invalidar su existencia,
que nunca puede significar
más tarde, antes o ahora,
en un mundo sometido al cambio
y al mismo tiempo inmóvil
en sus impenetrables honduras,
que el tiempo solo es
la faz más temida
de lo desconocido, idolatrado
en el intento del hombre
por superar las barreras de la ilusión invisible…

CUANDO TODO SE PIERDE
ELENA LILIANA POPESCU

El reloj no se ha parado pero
no se le ve marcar las horas
en la esfera del tiempo
que está detenido, en contemplación.

La perspectiva no se ha perdido
pero los objetos ya no se ven
delimitados en la extensión pura
del espacio, el que no tiene nombre.

La vida no ha acabado pero la muerte
ya no se ve en el horizonte
esperando al ser que se rebeló
un día, en alguna parte, en el país del olvido.

Todo está en su sitio como antes
aunque todo ya no significa nada
cuando se pierde en el espacio sin tiempo,
en el tiempo sin espacio.

AQUEL MOMENTO
ELENA LILIANA POPESCU

Unas palabras, te dijiste,
solo unas palabras, y creaste
una historia entera cuyo presente
ya es ayer, igual que mañana
será solo el pasado de quien
lo dejará atrás, perdido
para siempre.

Solo una palabra, te dices,
Solo una palabra, y te acercas
en tu caminar al umbral insospechado
de lo desconocido, sin que te asuste
el pensar que eres y no eres tú,
el momento en que puedes ser
y eres.

Elena Liliana Popescu.
(1948, Rumania). Poeta, traductora, ensayista, editora. Doctora en Matemáticas y profesora de la Universidad de Bucarest. Pertenece a la Unión de Escritores de Rumania y PEN Romania. Tiene más de treinta libros de poesía y traducciones publicados en Rumania y en el extranjero. Ha publicado el libro póstumo de su padre, el poeta y piloto George Ioana, Vuelo. Sueño y destino (1999) y el libro Nicolae Popescu – El Hombre, el Matemático, el Mentor dedicado in memoriam a su marido, académico rumano (Editorial de la Universidad Bucarest, 2011). Premios y distinciones: Diploma y mención de honor en el Festival de Poesía de la Uzdin (Serbia), en 1997, Primer Premio en el Festival de Poesía “Novalis”, en Munich, Alemania, en 1998, Diploma y mención en el X Certamen de Poesía “Leonardo Cercós”, Palma de Mallorca (España, 2007), Diploma de reconocimiento y merito, otorgada de Embajada de España en Bucarest, Rumanía (2011).

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