Una verdad vestida de ficción

el

Allison Pinell

En un pasado no tan lejano, vivía una niña que se llamaba Adela. Ella reía mucho, amaba leer; bailaba y cantaba cada que tenía la oportunidad y no le importaba que todos la mirasen como si estuviera medio loca, porque muy orgullosamente aceptaba, que si locura era ser quien uno era, todos nacimos para estar locos.

Así pasaban los días, y la vida de Adela florecía cada día más, cada día se exaltaban más sus virtudes y se notaban un poco menos sus fallas, “es el sol más radiante que he visto”- decía su madre- y tenía razón porque no había nada más bello que ver un ser desarrollarse en toda su plenitud. Un día Adela conoció a una muchacha, se llamaba inseguridad y se la presentaron sus amigas, “¿por qué andas tan feliz todo el tiempo?”- le decía inseguridad- “deberías preocuparte más por tu figura, así de loca ningún muchacho se va a fijar en vos”.

Adela se preguntaba a diario porque inseguridad se esmeraba en hacerla sentir mal, también se preguntaba porque todo lo que hacía giraba en torno a complacer a los demás, -se decía a si misma- “Yo solo quiero ser yo y ser feliz, no necesito de nadie más”, pero llegó un tiempo en que todos le daban la razón a inseguridad y con el paso del tiempo Adela también le empezó a creer.

Adela ya no reía fuerte, se limitaba a una sonrisa coqueta. Adela ya no bailaba y cantaba cada que tenía la oportunidad, lo hacía solamente a escondidas en su cuarto, cuando nadie la miraba. Llegó un tiempo incluso, que ella se llegó a preguntar si sus metas y sueños los podría cumplir, “Eres demasiado tonta, no vas a poder lograr nada”, le decía inseguridad.

En ese tiempo, Adela conoció a otra muchacha muy amiga de inseguridad, se llamaba presión social y era muy conocida por todos, “Tú deberías enfocarte en agradarle a los demás, ser diferente jamás te ayudará a encajar”, le decía presión social. Entonces Adela empezó a cambiar su manera de vestir, cambió su manera de hablar y empezó a pensar como todos los demás pensaban, ella se decía a si misma que esa era la verdadera Adela, pero muy en el fondo sabía que se había perdido a sí misma.

Su grupo de amigas era muy destructivo, hablaba mucho con inseguridad, esta le presentó a depresión, ansiedad y superficialidad. Todas se encargaban de destruir más la autoestima de Adela y la luz de su cara empezó a apagarse un poco cada día.

Pero por ahí en los rincones, había alguien que observaba y veía todas las mentiras que Adela se creía a diario, amor era un joven tímido y callado, pero él sabía la verdad, sabía que inseguridad no tenía razón, sabía que presión social era una mentirosa, él sabía la verdad y sólo esperaba el momento en que Adela estuviera lista para decírselo.

Un día, Adela se tomó el día libre, fue al lago cerca de su casa y se sentó a llorar. Derramó su alma en cada lágrima ese día, su dolor era tan punzante que casi parecía insoportable, justo en ese momento Adela escuchó a alguien acercarse y casi por inercia se secó rápidamente las lágrimas e intentó cambiar su aspecto triste por uno más sereno, cuando volteó se sorprendió al ver que era amor, casi como si le hubiese leído la mente, amor le dijo, “Antes que puedas intentar negar lo que hacías, déjame decirte que conmigo las mentiras no funcionan, te he visto sufrir y vengo a decirte algo importante.

Hay alguien que te ama y lleva tiempo esperando que te aceptes tal y como eres, lee este papel y te darás cuenta de quién es, busca a esta persona e intenta amarla de vuelta, porque solo así se irá tu dolor”.

Adela no tuvo el valor de abrir el papel mientras amor no se fuera, así que esperó hasta que estuviese sola y lo abrió, el contenido la impactó tanto que lloró aún más, pero esta vez no eran lágrimas de desconsuelo, eran lágrimas de alguien que había sido liberada, de alguien que finalmente se había sentido aceptada.

Como no me gustaría dejarte en el misterio, te lo diré, el papel tenía el nombre de Adela, fue ahí donde ella se dio cuenta que había sacrificado todo lo que era por ser como los demás, pensando que así sería aceptada, sin darse cuenta que la única aceptación que necesitaba era de ella misma.

Habemos muchas Adelas en el mundo, yo fui una, así como mi mamá, aquella vecina que miras de vez en cuando, la compañera de clases que tienes al lado, esa maestra que siempre llega tarde, la señora mal encarada del supermercado y la lista sigue y sigue. Somos personas únicas en el mundo y podría ser que haya mejores y peores, pero nunca habrá alguien como nosotros. No hay nada más bello y liberador y único que ser y amarse así de loco como uno está y no hay amor más puro en el mundo que el amor que solo uno puede darse.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s