Hay gente que nace a orillas de un lago

Horizonte

hay gente

que nace detrás del horizonte
en Bujará o en Samarcanda

junto a un mar de arena
pétreo amarillo infinito
que florece en primavera

allí por donde pasaban
caravanas de camellos de la ruta de la seda
que venían del otro lado del horizonte
y atravesaban el horizonte

hay gente
que nace en las colinas de Lisboa
en un extremo de Europa
a la orilla del último mar

adonde arribaron un día con sus barcos
del otro lado del horizonte de la época
los fenicios
los cartagineses
los vikingos

y cuyos tatarabuelos traspasaron el horizonte
en busca de vías marinas
a la India
a Cipango
a Catai
porque la ruta de la seda
ya no estaba

hay gente
que nace a la orilla de un río
de ese mismo río Tejo
cuya otra orilla se ve apenas desde aquí en el delta
pero que en Toledo es el pequeño Tajo
enturbiado por todo lo pasado
como mi Emajõgi – el Río Madre

hay gente
que nace a orillas de un lago
que nace a orillas de un lago
y muere a orillas de un lago

hay gente
a quien le bastan los mundos pintados por otros
para ver
y cantar
a los mares
a los desiertos
a los ríos
a las caravanas de camellos
a los barcos
a las expediciones más allá del horizonte

hay gente
cuyo horizonte
son las palabras

hay gente

Kai Aareleid “Vihm ja vein” (“Lluvia y vino”)
Traducción del estonio por Consuelo Rubio 


Viento abrasador

veranos abrasadores como este ya los había antes
¿te acuerdas?
una vez
tuvimos que viajar hasta Moscú con este tiempo

de los treinta grados de aquí
a los cuarenta de allá
desde la isla
donde el viento por lo menos refresca a la ciudad
donde hasta el viento abrasa
sopla por los bulevares
trae consigo
la humareda de los incendios forestales

todo el tiempo tuvimos sed
al lado del Estanque del Patriarca
había un café
adonde me llevaste
y pediste una jarra entera de zumo rebajado

en la mesa al lado nuestro
había sentados un hombre y una mujer
de nuestra edad diría yo
los observé
sus movimientos
su cercanía
conjeturé
como siempre
alguna historia de las mías
donde la mujer era un poco como yo
y el hombre un poco como tú

no me acuerdo de todo
solo lo de que
era algo triste
había despedidas
y arrepentimientos
quizá muerte
quizá algo
que se pareciera a la muerte

en todo caso
cuando ya habíamos salido
delante de un obrador del pan
tú dijiste
¿has visto
que la mujer no llevaba anillo?
yo no lo había notado
y ese detalle trastocó toda mi historia
eso no había escrito

tú no dijiste nada más
pero supe
que te habías dado cuenta
de lo que pensaba
y te arrepentiste

yo pensaba en ellos
tú pensabas en nosotros
y yo
no prestaba atención

el calor abrasador cedió al anochecer

para mantener un poco el frescor
cada uno se quedó en su lado de la cama
para mantener un poco el frescor

Kai Aareleid “Naised teel”(“Mujeres en camino”)
Traducción del estonio por Consuelo Rubio 


La chica de Lesbos

La chica de Lesbos viene cuando menos la espero y cuando más la necesito. La chica de Lesbos es mucho más joven y mucho mayor que yo y tiene justo mi edad, mi juventud.

La chica de Lesbos se me acerca, pregunta si puede, solo un ratito, acaso.
La chica de Lesbos me enjuga una lágrima del rostro y dice: vamos, dice: toma, dice: ¿no está mejor así?

La chica de Lesbos escucha los latidos de mi corazón, dice: rápido, dice: tranquila, dice: tú, dice: yo, dice: no hay límites.

La chica de Lesbos me enseña cómo la sal transporta, me enseña cómo el agua sostiene, me enseña cómo: no hay nada más fácil que nadar hasta la isla y regresar de nuevo, zambullirse de cabeza hasta que el miedo desaparece, abrir los ojos, sacar a la superficie guijarros del fondo, palabras del fondo.

La chica de Lesbos conoce tres abecedarios, pero cuando escribe sobre mi espalda con una hoja de palma, emplea el suyo propio y dice: que cada letra es su destino, que cada número es su medida.

Pero, ¿signos de puntuación? De eso no sé nada, dice la chica de Lesbos.

La chica de Lesbos tiene asperezas en las puntas de los dedos, de tanto pincharse con el huso de sus tatarabuelas, y en los párpados lleva la seda de sus hijas no nacidas.

La chica de Lesbos es ruidosa y callada; su pelo largo y oscuro, corto y con mechas más claras se humedece al chocar con las olas y reluce como el mar grande y azul tras el cual está su hogar. En sus ojos grises de tonos castaños hay puntitos verdes como la pulpa de una almendra fresca, y con ellos, la chica de Lesbos les ve las plumas perfectamente tanto a las águilas como a las personas.

La chica de Lesbos mantiene su voz clara, sus pensamientos ligeros y sus cicatrices ocultas: una está por debajo de la cintura, un poco a la izquierda, nadie la ha visto. Otra está escrita sobre el corazón y la ven todos, es evidente por su forma de caminar, de erguirse, de cerrar los ojos, de mirar por debajo de los párpados y de esbozar una media sonrisa.

La chica de Lesbos se levanta temprano, sale afuera, apaga los faros, trae el sol desde detrás de la próxima montaña. Al regresar, sus labios están rabiosamente salados; en sus labios está la verdad rabiosamente afilada que no hace daño, sino la mantiene despierta, la mantiene despierta tierna.

La chica de Lesbos se alimenta de albaricoques maduros, de limones y de naranjas dulces; los coge de la rama con sus propias manos, huele a adelfas y a tomillo.

La chica de Lesbos dice: nosotras no nos haremos viejas nunca, nosotras no enloqueceremos nunca, tenemos algo de lo que carecen los otros, nosotras nunca seremos gente normal, con el sueño fácil y las cuentas abultadas. Nosotras le plantaremos cara al tiempo; resistiremos su embate y nos liberaremos de sus servidumbres. Nuestros nombres quedarán inscritos en los cielos y las nubes imprimirán su sombra durante mucho tiempo sobre las laderas de las montañas, somos como la lluvia, solo que nosotras nunca llegaremos a caer de verdad.

La chica de Lesbos se va temprano, tarde, a su hora, me susurra en sueños: ¿lo ves? susurra en sus sueños: ¿lo ves? en realidad nadie te es totalmente imprescindible, basta con que sus sombras queden parcialmente cubiertas, basta con que en los cielos de su noche haya letras solitarias, comunes, basta con unas gotitas, ¿lo ves, lo ves?

Noto cómo sus pulmones isleños respiran dentro de mí, una mariposa estira las alas, le muestra a todo el mundo sus colores, se estremece y rompe a volar.

Kai Aareleid “Vihm ja vein” (“Lluvia y vino”)
Traducción del estonio por Consuelo Rubio 


La lluvia y el vino

al amanecer el hombre se levantó
abrió los postigos
hizo correr el pulgar por la mejilla de la mujer
no dijo nada
se vistió en silencio
y se fue

entre las puertas
se vislumbró el balcón
dos sillas
una mesa
en la mesa una botella de vino
las copas

la mujer se quedó acostada
las cortinas se agitaron con la brisa
el frescor de la madrugada sureña
recorrió la habitación
la mujer se estremeció

en la mesa del balcón las copas
habían ido acumulando
la lluvia nocturna
la mujer había ido acumulando
una gotita de la otra persona

pudo escurrir el agua de los vasos
pero la persona se quedó

Kai Aareleid “Vihm ja vein” (“Lluvia y vino”)
Traducido del estonio con Consuelo Rubio


Oporto, Oporto

ven y ámame
en estos pocos anocheceres
que paso en la ciudad mirando al cielo
a los barcos en el río
y luego al océano

he llegado para irme
a ver por fin esta fortaleza
concluir algún capítulo
e irme


no te irás de aquí nunca
aquí has nacido
no soportas esta ciudad
esta luz este cielo
la gente propia y ajena
pero la vida te tiene aquí agarrado
y ya no eres tan joven
como para cambiar las cosas

ven y ámame
mujer de una tierra extraña
yo
apagaré tu sed de tierras lejanas
para que ya no tengas que marcharte
y te devolveré por un rato
un fragmento de juventud

me hablas de los barcos que echan el ancla
de los árboles que echan raíces
me susurras promesas que no deben de ser verdad
en ciudades portuarias como esta
siempre se han intercambiado mercancías

a los dos nos hacen falta un poco de mentiras
los dos queremos recordar algo
olvidar algo
los dos queremos
ven y ámame

Kai Aareleid “Vihm ja vein” (“Lluvia y vino”)
Traducción del estonio por Consuelo Rubio


Nacida en 1972 en Tartu, Estonia, Kai Aareleid es escritora y traductora. Ha publicado dos libros de poesía: Naised teel (Mujeres en camino 2015) y Vihm ja vein (La lluvia y el vino, 2015), y dos novelas: Vene veri (Sangre rusa, 2011) y Linnade põletamine (Ciudades quemadas, 2016). Sus poemas han sido incluidos en antologías, a la vez sus cuentos se han publicado en revistas literarias en estonio, inglés, ruso y finlandés. En 2013 fue la ganadora del prestigioso Premio del Cuento Friedebert Tuglas y en 2016 fue nominada “La escritora del año” en Estonia por su novela Ciudades quemadas; novela que está por ser publicada en inglés. Sus cuentos y su poesía han sido traducidos al inglés, alemán, finlandés, ruso y español.  Como traductora, Aareleid ha traducido al estonio las obras de David Mamet, Bruce Chatwin, Carlos Ruiz Zafón, Javier Marías, Roberto Bolaño y Jorge Luis Borges, entre otros.  Tiene una Maestría en dramaturgía de la Academia del Teatro de Finlandia y un diploma de traductora y editora de la Universidad de Tallinn.  En 2017 participó en el Festival Internacional de Poesía en Granada, Nicaragua.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s