El viejazo un cuento pícaro y real de Róger Fischer

Róger Fischer

Mi viejazo fue un acto sincero sobre la vida que llevo a cuestas con los ochenta y cinco años que orgullosamente cargo sobre mis hombros, con dignidad respeto. Narre el número de pastillas, cucharadas y medicinas que a diario tomo, no para sentirme bien si, no para irla llevando, ya compre el bastón, para cuando lo necesite y creo que pronto, pues las rodillas se quejan de mis andanzas.

A pesar de que escribo con cierta frecuencia y obtengo respuestas positivas, nunca tantas personas conocidas y no conocidas, me han llamado, detenido en la calle, por internet, teléfono y aun en la iglesia, para hablarme sobre el artículo anterior.

Desde luego la mayoría son coetáneos, pero aun personas de cuarenta y sesenta abriles dicen que han disfrutado mi narración. Él colmo es que en el Club Terraza, una guapa señora sesentona me dijo- Aquí en la cartera ando tu artículo, pues sos de la edad de mi esposo y lo escrito está hecho con humor y sinceridad. A él, le pasa lo mismo-al Chango- aunque es delgadito, le duelen los huesos y toma una buena dosis de pastillas, utiliza los ungüentos y le doy sus sobaditas.

Otro amigo que fue mi vecino en Las Colinas y a quien conocen como – Chipiona- Me pregunto es verdad lo de las pastillas que a diario te tomas, lo observe con una sonrisa, mientras me seguía diciendo que él toma más.
Harold Wienke un alemán casado con una nicaragüense y que fue por años mi cliente en publicidad, me dijo junto a su esposa en el Centro Comercial de Galerías, – lo que decís es verdad, te felicito-

Un abogado gordo e inteligente, escritor de algunos temas ligados a la prostitución en León, me llamo por el celular y dijo, -oye viejo te volaste la cerca y colgó-

Desde Colombia donde vive Roger, mi hijo mayor, tuve el agrado de escuchar su voz para contarme que había disfrutado el artículo, Carlos Perezalonso hizo otro tanto desde la ciudad universitaria y León Núñez escritor culto e inteligente con su proverbial ironía me conto que un amigo o pariente, le había dicho que en La Mesa de Sierras de Paz de Galerías, los contertulios ya habían dado el viejazo.

Fueron múltiples los comentarios, como muchos son los malestares que sufrimos los viejos, pero es mejor estar vivos y contarlo que enmudecer para siempre.

La vida es una sola, algunos nacen pobres y mueren millonarios. Son favorecidos por la suerte, por las armas, por su astucia, por Overbretch o como se llame. Otros se casan bien, hay agricultores que saben dónde y cómo siembran. Hay ingenieros desarrollistas de urbanizaciones hechas con fondos venidos de Guatemala o Guatepeor y algunos nicasios que se despachan sabroso con préstamos criticados. Hay médicos eminentes que cobran lo justo y otros que ponen stens sin necesitarlos cuando los pacientes están viejos, algunos.

Viajaron a los united y los sten brillaron por su ausencia. El hospital tomo sus precauciones y ahora los stenoides no pueden ocupar sus instalaciones. No sé si es cuento de ancianos, mentira fresca o realidad palpable, lo sé de oídas y no de venidas.

Sobre esos temas y otros vigentes, la descomposición moral, y el yoqupierdismo, puede ser que simplemente sean suposiciones y platicas de ancianos, mismos que por experiencia solemos contar vivencias, cuentos de camino, chismes de barrio o fantasías otoñales.

En fin mi deseo es que los lectores disfruten de un rato ameno, pero también tengan conciencia crítica y ofrezcan informaciones que puedan ser útiles tanto para los gobernantes, como los gobernados.

Mi interés no solo es contar los avatares de la vejez, si no también contribuir a un mejor país. En las personas mayores, estoy seguro que hay mucha experiencia y una asociación de jubilados profesionales, puede aportar mucho y gratuitamente a Nicaragua. Ingenieros retirados. Profesores, publicistas, ambientalistas, periodistas y muchos más tenemos el deseo, la voluntad y el tiempo, sería mucho pedirles a mis compañeros de edad, que en lugar de untarnos mentolatum, tomar pastillas para la acidez o simplemente dormir todo el día con la pijama puesta, pensemos que somos útiles, expertos en muchos temas y que podemos aportar a nivel institucional, conocimientos y experiencia.

Trabajar en algo, es bueno para nuestra salud mental y física aunque nos duela la chincaca, nos hayan operado de cataratas o simplemente de la próstata.

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