“Francisco Ruiz Udiel, si estuvieras aquí…”

Francisco Ruiz en Girona, Catalunya
Francisco Ruiz Udiel. Fotografía de su archivo.

Por Regina Pérez

I

Siempre le costaba terminar de despertarse, sin embargo se levantaba temprano, tomaba mucho café y fumaba mientras leía con música de fondo. Solía bañarse tarde. Le gustaba bailar, leer, caminar de noche y odiaba subir volcanes. Así era Francisco. Para encontrar su voz necesitaba amortiguar voces extranjeras a mí y que fueron cercanas a él. Desde amigos y conocidos hasta lectores de su obra; no hay nada que desaprovechar en esta búsqueda. Me toca convertirme en ese alguien que lo vio llorar en un sueño. Trato de tener un acercamiento inicial con él, leyendo los poemas que conforman su primera obra poética. Andrés, el protagonista de muchos de esos poemas sucumbe en versos andariegos donde Francisco de manera lenta pero firme, me conduce por un camino cercado por la tristeza muda y la belleza de la poesía. Alegre, organizado e inteligente es la trilogía verbal con la que describen a Francisco; pero hay algo más… esa angustia secreta de la cual raras veces hablaba, pero manifestaba en sus poemas que como la soledad de los gatos nada pierden ni ganan.

Cuando el 2010 moría también moría un poeta. El 31 de diciembre de ese año Francisco fue encontrado sin vida en la casa que rentaba con otras personas. Seis años después de su muerte se sigue considerando como uno de los mejores poetas de la Generación del 2000. Tras su fallecimiento se publicó su segundo poemario: Memorias del agua, en donde materializó la metamorfosis de su visión poética. El epígrafe del primer poemario publicado por Francisco, es el fragmento de un poema de Alejandra Pizarnik, poetisa argentina. Leo esos versos continuamente, amarran un trasfondo… Alguien me vio llorar en el sueño (…) Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su casa.

II

Hay temas importantes en la vida de Francisco de los cuales no se gusta hablar. Un ejemplo claro de esto es su infancia en Estelí, donde al quedar huérfano de padre y madre a los tres años es trasladado a las Aldeas S.O.S. (Organización no gubernamental encargada de la atención de niños y niñas que han perdido o están cercanos a perder el cuidado parental) donde salió después de un tiempo y pasó a vivir con una madre de acogida. La infancia de Francisco se caracterizó por sufrir de mucha violencia, tanto por parte de la familia con la que convivía, como por el contexto social en el que creció. Víctor Ruiz, poeta y amigo de Francisco comentaba que en ese tiempo cualquiera sufría de violencia, tanto institucional como educativa. “En la escuela te torturaban, se tenía esa filosofía de que la letra con sangre entra, en el sentido de que los padres autorizaban a los maestros para que violentaran a sus hijos”.
El mismo Víctor al igual que Alejandra Sequeira (poeta nicaragüense) sufrió de ese tipo de violencia. La ausencia se encarnó a su vida desde muy pequeño. Y la nostalgia… esa palabra que se vuelve palpable en cada verso de los poemas que conforman Alguien me ve llorar en un sueño. Ese sueño vislumbrado casi surreal para un mundo ajeno a ese mundo poético de Francisco, pero que no pudo haber sido más real para alguien que conoció la orfandad de distintas formas, sin embargo fue, quizá, el primer empuje para una gran carrera literaria que se le auguraba desde temprana edad.

III

Tez blanca, ojos vivaces escondidos tras un par de cristales con marco color café, sonrisa tímida pero sincera, como de un infante travieso. Así luce Francisco en la mayoría de fotos. Inspira cercanía y calidez. No hay mucho que decir, su verdad se esfuma al igual que las estrellas tras las nubes desplegadas en un cielo desnudo. Esa verdad que se discurre roída por el tiempo y me hace escribir estas páginas con la misma entereza que -me gusta imaginar- Francisco hubiese aprobado. Es casi mediodía, la tarea de elaborar esta crónica va acompañada de esa amante inoportuna que se llama soledad. Pienso un momento y regreso a más de 30 años atrás, me ubico en el norte de Nicaragua: Estelí. Calles que alguna vez fueron recorridas por los zapatos de Francisco (o Andrés) y que –sospechosamente- llegaron a lugares inciertos.
Tuvo varios hermanos sin embargo la poesía fue para él su más cercana familia, la cual fue conociendo a través de Claribel Alegría, poetisa que lo guio por ese arduo oficio desde muy joven. Tras bachillerarse en el colegio San Francisco en Estelí, abandona su ciudad natal debido a los continuos problemas que tenía con su madre de acogida. Para ese tiempo también comienza a adentrarse por ese universo poético que alimentó hasta el día de su muerte.

IV

Con 16 años llega a Managua y comienza a estudiar Administración de empresas en el ahora extinto INCEG, recinto donde solamente impartían los tres primeros años de la carrera, por tal razón se traslada a la UCA donde estudia el último año.

Es allí donde conoce a Francisco Ernesto Martínez, quien aunque no fue precisamente de sus mejores amigos, si tuvo cierta cercanía con él. Aproximadamente dos semanas antes que se cumpliera el primer aniversario de la muerte de Ruiz Udiel; Francisco Martínez escribió un pequeño homenaje en honor a la memoria del fallecido poeta. Entre uno de los recuerdos que Francisco Martínez conserva de Francisco Ruiz Udiel y plasmó en ese escrito, está el de verlo bailando Palo de mayo al compás de unos chicheros que habían contratado para amenizar ese último día de clases, en 1999. Trato de recrear esa escena en mi cabeza y me parece como si yo también estuve allí gritando con euforia animándolo a seguir bailando.

Ciertas cosas me parecen que no encajan, pero no solo a mí, esa personalidad tan vivaz no parece responder al porqué de una muerte tan temprana; y es que tal vez en esa afable sonrisa infantil que siempre mostraba se escondía un niño muerto acurrucado en el terror formado en épocas pasadas. Aunque fue de los primeros en conseguir trabajo, renunció después de un tiempo para dedicarse a algo que aunque le proveía menos retribuciones monetarias, sí le apasionaba. Y así fue cuando comenzó a colaborar con Sergio Ramírez (escritor nicaragüense) en Carátula, una revista cultural centroamericana. No obstante, desde que ingresó a la UCA comenzó a gestionar y promover reuniones literarias con otros jóvenes de intereses afines.

De esas mismas reuniones y el deseo de hacerse escuchar, de dar a conocer el talento joven, nace la idea de crear una revista literaria de difusión periodística que reuniera muestra de la obra poética de jóvenes de la universidad .De esa idea nace Literatosis, un proyecto que fue pensado inicialmente por Francisco Ruiz y la poetisa Chrisnel Sánchez Argüello.

V

En marzo de 1999 salió el primer número de Literatosis, revista que perduró hasta el año 2003, año en el cual las instituciones que habían apoyado tal proyecto retiraron su ayuda por el escándalo que causó el último número publicado. Sin embargo no se puede obviar la gran ayuda que representó esta revista para los poetas y escritores emergentes de esa época. Literatosis fue para ellos una especie de cuna literaria, y de esa misma cuna salieron nombres que actualmente son referentes claves de la generación del 2000. Tras graduarse de la carrera de Administración de empresas, conseguir un empleo vinculado a esos cuatros años de estudios universitarios, dejarlo y comenzar a trabajar en algo que sí le apasionaba, sigue coordinando otros proyectos siempre relacionados a la gestión cultural.

En el año 2004 funda en compañía de Ulises Juárez Polanco (escritor nicaragüense) Leteo Ediciones, una iniciativa editorial sin fines de lucro cuyo objetivo era dar a conocer la literatura independiente. Al siguiente año resulta ganador del I Premio Internacional Ernesto Cardenal de Poesía Joven, con su poemario Alguien me ve llorar en un sueño. El premio consistía en $5,000.00 y la publicación del poemario ganador. Y en ese mismo año también publica en conjunto con Ulises Juárez Polanco, la antología Retrato de poeta con joven errante; una compilación de obras poéticas de la mayoría de integrantes de su generación literaria. Aunque podría parecer una avalancha de éxito; me traslado a cierto tiempo atrás, un día mientras recorría la biblioteca de la UCA, exactamente en la sección de literatura nicaragüense, tomé un libro porque me llamó la atención su título y lo primero que leí era un encarnación de sufrimiento, algo que yo misma podía sentir, alguien que me abrió los ojos por primera vez…
“La primera vez que Andrés abrió sus ojos el olvido empuñaba seis líneas en la mano las enrollaba y se las daba en la boca como si fuesen pequeñas bolitas de carne.”

Es el primer poema de esa obra ganadora en el 2005, lleva por título Alguien abre los ojos por primera vez, y ese alguien se mantiene a lo largo del poemario, pidiendo auxilio, derramando letras que evocan a la nostalgia, transformando esa dulce sonrisa del autor de tales poemas, en las sombras que poco a poco lo desgarraban.

VI

Los aportes de Francisco a la literatura nicaragüense no se pueden simplificar solo a los trabajos literarios que publicó o editó. De acuerdo a Víctor Ruiz en torno a Francisco existía toda una energía poética, a partir de la cercanía que él tenía con algunos escritores surgieron nuevas voces como Carlos M- Castro, Mario Martz o Enrique Delgadillo. Así mismo, motivó a otros poetas que eran menores en edad y carecían de apoyo. Los instó a creer en su trabajo y les ofreció una plataforma de debut, como fue Literatosis. Y no solo sirvió de soporte para otros jóvenes; José Adán Silva, periodista y editor de La Prensa cuenta que conoció a Francisco en un foro de lectura en la UCA en el que ambos formaban parte, “me invitó a participar en un concurso de cuentos en 1999, en el Festival Interuniversitario de ese año”. Y así al igual que José Adán o Víctor, son muchas las personas que lo recuerdan como alguien que siempre trató de impulsar el talento joven nicaragüense.

Se caracterizaba por ser alguien leal, que trataba de ser siempre directo para evitar ambigüedades. De las cosas que más recuerda Víctor de Francisco era lo organizado que podía llegar a ser, “llegamos a tener algunas desavenencias por libros, una vez yo me pasé la fecha que tenía que entregarle un libro y él se molestó y cuando quise que me prestara otro libro me dijo que ya no estaba prestándolos, para mantener la amistad”.

Por otro lado, José Adán comenta que a Francisco lo que más le gustaba era leer y escribir, esta misma afirmación es apoyada por Joel Altamirano, “Francisco siempre decía que un día sin escribir era un día desperdiciado”. Para Pablo Hernández uno de sus mejores amigos, Francisco era un cómplice de sueños “proponía hacer toda locura que se nos ocurría con tal de hacer catarsis y envolvernos en un proceso creativo.” Pablo conoció a Francisco cuando éste creó Literatosis, se volvieron muy cercanos e incluso Francisco llegó a vivir un tiempo con Pablo y su familia.
De esa gran amistad nacieron grandes anécdotas, “fuimos a graffitear paredes con versos, salíamos sin un peso porque no teníamos y terminábamos comiendo y bebiendo donde la Blanquita Castellón, nos ayudábamos con las chavalas, leíamos poesía en los buses, le poníamos triqui tracas en los pies a la gente los 24 de diciembre para asustarla…” Soy capaz de imaginar esos momentos y reír a causa de ellos.

Como vislumbrar un holograma de felicidad muchos años después…Pero retorno a las dudas, al asombro, al roce de la tristeza. ¿Qué más puede herirme? Se preguntaba Francisco así mismo en Poema para quedar inmune; quizá la respuesta se encontraba al tratar de descifrar los dos últimos versos de la segunda estrofa de ese mismo poema:
“…incluso la libertad aterra en el último instante”

VII

Entre los libros que co-editó con Ulises Juárez Polanco se encuentran: Poetas, pequeños dioses, Ars poética de Claribel Alegría, Perdón y olvido; la cual era una antología de cuentos de Sergio Ramírez, también Líricos instantes de Missael Duarte y La vigilia perpetua, poemario de Víctor Ruiz. Además fue invitado a un sinnúmero de festivales de poesía nacionales e internacionales. Cerca del 2007 empezó a asistir como oyente a una clase de Taller de medios impresos II en la UCA, la cual impartía el profesor Guillermo Cortés, éste mismo profesor lo describió como “el estudiante soñado por los maestros”. En el tercer taller de medios impresos aunque se inscribió tuvo que abandonar la clase por dificultades personales, “Me dio un gran pesar tu retiro. Ni modo. Estabas en tu combate estratégico con los fantasmas que te agobiaban, a los que lograste contener y burlar por un buen tiempo…” escribió Guillermo Cortés, tres días después del fallecimiento de Francisco, por quien él llegó a sentir mucho aprecio.
La última vez que Pablo miró a Francisco fue en su casa, para la celebración de año nuevo 2009-2010. El 31 de diciembre de 2010 en la vida de Francisco, solo puedo pensarla con algunos de sus versos:
Hay noches dolorosas como éstas en que uno es la propia tristeza, tristezas en que uno es la propia noche, tristezas y noches en que nada es propio, ni siquiera uno, pero uno, torpemente, no lo sabe.

VIII

En cuanto se supo de la muerte de Francisco el Centro nicaragüense de Escritores difundió un comunicado que decía así: “Todos los escritores lamentamos su partida, que enluta la juventud de nuestra cultura. ¿Te vas para no volver? No lo creemos, pero todos vamos a llorar su sueño”. El 3 de febrero de 2011 fue presentado su segundo libro de poemas que lleva por título Memorias del agua. En estos poemas es irrefutable la transformación de la visión poética de Francisco. Víctor afirma que todo lo que en Alguien me ve llorar en un sueño era confesión, en Memorias del agua se volvía experiencia. Después de cierto tiempo Francisco había encontrado en la naturaleza ciertos elementos en los cuales encauzar su emoción; el principal para él, quizá, fue el agua y todo lo que simbolizaba: renacimiento, pureza…
la corriente es uno mismo que se arroja ya sin vida, leve, en el corazón seco de la hojas.
(…)
el poema se vuelve a perder, oscuro, como un sueño asediado por amargos peces.
El agua fue ese poema que siempre estuvo buscando, el poema en el cual morir y nunca levantarse.

IX

Elementos que configuran su labor literaria.
Aunque Francisco se graduó como licenciado en Administración de empresas prefería decir que había estudiado poesía bajo el magisterio de Claribel Alegría. Como amigo se caracterizaba por su lealtad, como poeta por su disciplina. Nunca quiso que se hablara de su infancia, pero esa parte de su historia me parece que canaliza uno de los elementos que ilustran su concepción poética, al menos con su primera obra. Utiliza un álter ego para mostrar de manera trágica escenas de violencia, tristeza, aislamiento. La poesía fue como un agarradero para él. El mismo Pablo lo dijo “siempre estaba buscando de qué verso sostenerse”. A Francisco le afectó no solo su orfandad prematura, también el contexto social en el que nació, lo que se vivía en Nicaragua en esos años de guerra. Y el agua… la melancolía atrapada en un poeta danzante. Otro elemento que erigió pequeñas historias, porque así me parecen los poemas de Francisco, tanto de su primera como de su segunda obra. Historias que se pudieron perder en el oleaje sin misericordia del tiempo, pero que él pudo rehacerlos como un monumento. El monumento que ahora da significado a su nombre. La noche ahora comienza a hacer su debut. Pienso un rato más buscando las palabras idóneas para poner punto final a esta crónica, solo consigo concluir con la misma expresión que utilizó Amelia Mondragón al inicio de un ensayo que escribió sobre este joven poeta: “Francisco Ruiz Udiel, si estuvieras aquí…”

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Reblogueó esto en Chocolate y marihuana…y comentado:
    No tuve la oportunidad de conocer personalmente a Francisco pero para escribir ésta crónica me tocó convertirme en ese alguien que lo vio llorar en un sueño…

  2. ezmasis dice:

    Francisco es de los pocos que han sabido escuchar. Sólo con ganas de comprender: no te nació escribir esta nota? Fue por encargo? “Me tocó” no deja claro esto. Gracias.

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