Inventario sonámbulo de Juan Sobalvarro

Una muestra de la poesía de Juan Sobalvarro de su libro Inventario Sonámbulo

Por Juan Sobalvarro

HE VISTO a un hombre muerto
perseguido por moscas
y ángeles descalzos en medio del lodo.
¡Qué callado es este muerto!
esta muerte no tiene su discurso.
Aquí en lo perdido
pronto le nacen parientes del desconcierto y el miedo.
Quiero gritar por él
que su muerte no me induce llanto.

-¿Dónde se incuba su culpa?-

Veo que su muerte se va borrando,
así como oscureciendo,
en este hondo verdor de montaña.

Juan Sobalvarro

EN ESTA guerra no maté a nadie
y si lo hice, soy inocente e ignorante.

A nadie le escuché corazón para dispararle.
Al ruido miedoso del monte umbrío le disparábamos,
a la humedad continua que baña estos cerros.

Yo digo que no matamos a nadie.
Todos estamos inocentes.

Voy a correr desnudo para que se vea.

Juan Sobalvarro

CREO QUE VOY a morir ahora, se oirá un disparo cuando pise aquel charco escupido de verde; en aquel tronco, ahora sí. Voy a morir en este día amarillo a la redonda, lo sé y me será ardua sorpresa. Probablemente padezca anemia cuando muera, de esto no tengo certeza, presentimiento negro en espiral es lo que tengo. La muerte cruzará el umbral del no dolor, con su bala perfecta.

¿Quién estará esperando para matarme?
¿en qué monte que no sé?
Quisiera verle al rostro y sonreírle.

Talvez eso lo desarme

Juan Sobalvarro

LA BALA era caliente y mordió todas mis venas de una vez. El corazón no es mío, es del miedo y quiere a mi madre. Un hombre me dispara metódicamente, sin anotar mi dirección, yo no le puedo hablar porque cumplo con el deber de desangrarme. Al atardecer me abruma el miedo y ya no tengo argumentos para odiar. Dejé de pensar en la muerte, mi sangre al irse, me dejó una garantía de paz y duermo…

EMPECINADA

Juan Sobalvarro

Esa mujer que arroja piedras
al manto de sol,
profanando con un insecto de mar en la mano
el más templo de luz,
grita su verdad
como ahora inventándola,
más allá escala la duda
que el manual impone,
al sol voraz dispara sus greñas
mientras los escandalosos balcones
la mojigatean,
la tantean a punto de pupila codiciosa
porque no les cabe en el cuenco
en la palurda costumbre de no verla muerta,
el mal de verla batiente,
descampada en pampa
con la enorme palabra en los ojos
inquiriendo por querer
así como se le da.
Las loras esperan en el guacimo,
llegan a taciturnas,
a alaste tristeza
pero ella no merma,
ella ¿cuándo cesa?
Porque de romplón iluminó una casa,
la enciende como pared constelada.

QUEMAR AL MAR

Juan Sobalvarro

La espuma del mar excita a la mujer
las sales sazonan sus piernas
algas en plata encrespada
anuncian siluetas hendidas en la arena que la costa lame.
A la mujer le flaquean las piernas ante el mar
el hombre es atrapado frente a un muro teológico
tres dimensiones exaltadas
con sus ecos arbóreos.
La mujer se postra en la carne del mar
las olas cornean las piedras mojadas
huyen cangrejos sangrantes
templados en salsa y luz.
La mujer aúlla mientras el hombre la penetra
el cielo cruje en azul prusia
las manos exprimen leche de cristal
olas más olas de espesa erección.
La mujer está cantando desde las peñas mohosas
con sabor de camarones hervidos entre mucosas.
El hombre salta sobre haces de luz
piensa en aguas a su madre
del hemisferio este le viene el calendario de sus años
los días vividos
y los consumidos en gentes de atraso
siente que fue niño como arena
las olas traen profecías de su muerte.
Pero hay una mujer sofreída en líquidos brillantes
que incendia al mar con sus tetas
que doma a la marea con su melena
que sabe que ella y el mar son el principio
y se acuartelan.
El hombre seguirá merodeando los muros
con una tiza lila en la mano izquierda.
Al otro lado de las vallas
la mujer le mostrará sus axilas
y un pez le danzará entre las piernas,
los pies de ella serán de claro esperma.
Por eso el hombre quiere incendiar al mar
porque el mar y la mujer se contubernian
porque el agua de la mujer a él lo quema
y tiene una corona de espuma alcohólica
y le efervesce la sangre cocacolamente.
La mujer ante el mar es siempre desnuda,
desnuda de pelo y de piel sedienta
el sol le manosea los poros vírgenes
le inventaría lunares y risas.
El hombre siempre es solo frente al mar
y uno a otro se incineran.

Juan Sobalvarro. Managua, 1966. Fundador de la revista literaria 400 Elefantes. Ha publicado: Unánime (1999). ¿Para qué tanto cuento? (2000). Perra Vida. Memorias de un recluta del servicio militar (2006). Agenda del desempleado (2007). El dueño de la pelota (2012). Inventario sonámbulo (2017). Incluido en: Ruben’s Orphans. Anthology of Contemporary Nicaraguan Poetry, 2001. En en la antología The poetry of men’s lives: an international anthology, publicada en 2004 por la University of Georgia Press. Y en Bananas und papayas. Antología de cuento centroamericano (Berlín, 2002). En la antología bilingüe italiano-español Poeti Nicaraguensi publicada por Sentieri Meridiani Edizioni en 2012. Compilador de: Poesía de fin de siglo Nicaragua–Costa Rica, 2001. Y de Cruce de poesía Nicaragua–El Salvador, 2006. También es coautor del guión La Yuma que recibió mención de honor en el Festival de Cine de la Habana en el 2000.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s