Teresa Campos debuta con Manú

Nació en Managua y actualmente vive en Miami. Dice que el mundo de los libros se lo mostró su madre. “Acérrima lectora y una cuentista maravillosa”. En mi casa la tradición oral, siempre fue muy importante. Los niños pedíamos cuentos a los adultos y estos se tomaban el tiempo para contarnos historias fascinantes que sus padres a la vez, les contaron en su niñez”, dice Teresa Campos, quien, en noviembre del 2018, estrenó Manú, su primer libro de cuentos, editado por el sello nicaragüense; 400 Elefantes.
Durante este breve diálogo Teresa Campos, revela intimidades de su libro Manú, un cuento infantil ilustrado por Wilfred Cunningham que deja un importante mensaje sobre la aceptación.

Marta Leonor González

¿Qué representa en su vida la creación de la historia Manú?

Escribir una historia de amor es un poco luchar en contra la injusticia en el mundo. Es enfrentarte a la maldad armada con una caja de lápices de colores. Manú es mi contribución contra la injusticia.

¿Cómo le gustaría que sea leída esta narrativa?

Pienso que esta narrativa es más hermosa si se le lee al niño o niña. Como cuento de amor, tiene una magia intrínseca que envuelve al que lee y al que escucha; los acerca, los acaricia.

¿El cuento está dirigido a los niños, pero podría tener algún mensaje para los adultos?

El cuento es para todos. Está dirigido a todos los niños, incluyendo a la niña en vos y a la niña en mí.

¿Cómo vivió el proceso creativo de Manú?

Manú surgió de una experiencia que viví estando de vacaciones en Luxemburgo. Conocí, a través de unos amigos, a una pareja que había adoptado a dos niñas colombianas. Las imágenes de ternura que yo presencié entre los padres y las niñas, me dejaron en asombro y me abrieron otra ventana en mi corazón y mi psiquis. Ninguno de ellos compartía vínculo sanguíneo; lo que los hacía familia era el amor que se tenían entre sí.
Cuando regresé a Miami supe que algo tenía que hacer con esas imágenes y de allí salió el cuento. Lo escribí rápido pero no lo completé; tenía aún lagunas cuando decidí engavetarlo.  Por muchos años no lo toqué porque no sabía cómo manejar el dolor que hay entre líneas en el cuento hasta que yo estuve lista para ver lo grandioso y sanador que es el amor. Fue entonces que me decidí a terminarlo y sacarlo a luz.

EL GRAN RETO

¿Cuál fue su principal reto sabiendo que estaba escribiendo para niños?

Yo diría que el principal reto era saber que estaba incurriendo en el campo del asombro y la inocencia, que son espacios, salvajes y sagrados.

¿Tiene alguna fórmula mágica escribir para los niños?

Sí. invocar a tu niño o niña, en mi caso; traerla, sentarla con vos y verla reaccionar.  Embadurnarse mutuamente la cara de palabras, de imágenes. Reírte con él o ella, hacerle cosquillas. No se puede escribir un cuento de niños desde la adultez.

¿Qué temas cree que deberían ser más abordado por los autores?

Cualquier tema que combata la maldad en este mundo creo que es bienvenido. Últimamente parece que el cinismo nos está ganando la partida.

¿Los cuentos infantiles dejan lecciones a los niños?

Claro que sí. Los arquetipos por los cuales hemos sobrevivido en nuestro camino de evolución y que hemos guardado en el inconsciente colectivo en representaciones simbólicas, tuvieron sus inicios como narrativas. Por otro lado, los cuentos también les dan alas a los niños para volar en una realidad de encantamiento. ¡Son mágicos!

¿Qué le diría a un padre o una madre sobre el aprendizaje a través de la lectura?

Yo les diría a los padres que la lectura te enseña a discernir, a tener pensamiento crítico; te enseña a vivir, a traducir el mundo. Los padres deben modelar el interés por la lectura. Eduardo Sacheri, escritor argentino, dice que la lectura es un amor que se contagia. A mí me lo contagió mi madre. No sé si hay una correlación entre la lectura y la empatía, pero me atrevo a decir que tendríamos un mundo más compasivo si leer fuese requisito en las cárceles. El filósofo, Ángel Gabilondo dice que para que te importe un libro también te tienen que importar los demás.

¿Ha sido educadora, la tecnología cada día nos aísla más de los cuentos infantiles o de la lectura general?

La tecnología, aun cuando nos ha traído muchísima más información, no nos ha hecho ni más, ni mejores lectores. En cuanto a leer cuentos infantiles en una pantalla, es una imagen que se me hace difícil de digerir. La pantalla es fría. No ofrece el abrazo que ofrece un libro con sus dos brazos abiertos.
El libro tiene una memoria que viaja por el tiempo y se activa cuando sentís su olor, la textura de su papel, su pasta. A mí me conmueve el lomo dócil de los libros. Un libro abierto en las manos del lector ofrece un techo, una intimidad que no podes encontrar en una pantalla luminosa. Por eso, de todos los objetos que rodean mi vida a diario, los libros son mis favoritos.

¿Qué oportunidades tiene el cuento para niños respecto a los otros géneros literarios?

Creo que el cuento para niños es el género literario en donde más se piensa en el otro.

 

EN OTRO PLANO

LA EDAD

Nací en Managua. La edad cronológica de la gente no me interesa y por eso no digo mi edad. Lo que me interesa en las personas es reconocer la edad de su niño o niña. Me divierto mucho haciéndolo. A vos, por ejemplo, te calculo unos cinco años. Sos traviesa, juguetona, divertida. Esa es la edad que me gusta ver en la gente porque es en el niño es donde está nuestra creatividad, nuestra naturaleza salvaje, la flexibilidad. La edad puede ser también usada para discriminar.

LA COMIDA

Me encanta comer y tengo un estómago internacional. Cuando me vine a vivir a los Estados Unidos, a mi nostalgia le creció un estómago con memoria infantil así que cuando me ataca la saudade me compro unos buñuelos con miel como los que hacía mi abuela y me los como mientras lloro.

LOS COLORES, LA MÚSICA

Me gusta toda clase de música. Esa es herencia de mi abuela y de mi madre. En mi casa no se creía en eso de “generation gap” o brecha generacional, para nada; la música incluida. Jóvenes y viejos escuchábamos juntos a Carlos Gardel, Conchita Piquer, Chicago y los Rolling Stones.

Me encanta bailar, pero solamente bailo cuando voy a Nicaragua. Las fiestas en Nicaragua son más alegres. De los colores prefiero el rojo. Me encanta. Aunque no lo lleve en mi ropa, siempre lo llevo en mis labios.

QUÉ ABORRECE

Aborrezco la injusticia y su violencia en todos sus aspectos y su máxima expresión que es la guerra. Torturar, matar a otro ser humano o dar una orden para hacerlo es para mí inconcebible. Esa es la expulsión del paraíso; es la pérdida total e irreversible de la inocencia. Eso te deja ciega a los colores del día y sorda al trino de los pajaritos. Te llenás el alma de musarañas. El odio seca.

 

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