Francisco de Asís Fernández: “Hay un verso en la llama”

Versos en la voz de Francisco de Asís Fernández de sus libros: Hay un verso en la llama y Detente, cielo mío

Videos y fotografías de Marta Leonor González

Selección de Hay un verso en la llama. Francisco de Asís Fernández

El dulce trino

¿Qué me hace con fiar en el mundo

cuando monto el abismo de la bestia

y clavo los ijares al blanco pegado

a la carne mora da del corazón

y me como sus vísceras y sus ojos

que solo saben ver el alma

y me convierto en sangre

en el azul infinito del cielo?

Con pasión

Todo en mi vida lo to qué con pasión.

Como un cabro subí los empinados pechos

de mu je res irrefrenables

y bajé a tientas al jardín de la vida y la virtud

a la hora del Ángelus.

Todo apare ce y desaparece a la hora del magma

de la creación

y que da esta música extremada

saliendo del paraíso.

El mar y la tormenta

Mi historia no ha terminado aun

pero quiero volver a los brazos de mi madre,

a la ternura de sus 19 años

y a las palabras que mi padre inventaba

para describir el universo

que iba a recitar en mi vida.

Soy mis padres, mis abuelos, mi ciudad,

la lujuria de un aman te que alcanzó la santidad

en el fuego del verso y el mar.

Un plumaje de luz

Las estrellas tienen un plumaje de luz

in va di do por á geles traviesos

y un cie lo de pájaros azules.

Así aparecen la aurora y el amor de las

criaturas por el cielo inalcanzable.

Y con la luz vienen las sombras y el perfume

de un nuevo día que nos acerca a la muerte

que es la única tierra prometida.

Volveremos a la tierra para nacer,

ser un cenzontle libre como la luz del día.

Los balleneros

Para los balleneros el mar es el mundo

y el cie lo estrellado, su imaginación.

No hay pájaros en el mar de los balleneros

y ellos no piensan en los pájaros

solo en el verdor de los árboles

y el llano despejado.

¿Cómo sería si sus padres hubieran

arado en el mar?

Las rutas de los balleneros

las conocen las estrellas

y ellos saben dónde queda la Osa Mayor,

Orión, el Triángulo Austral, Betelgeuse,

el Boyero.

Y las estrellas los guían cuando duermen.

Selección de Detente, cielo mío. Francisco de Asís Fernández

De un lirio espiritual

Niña nacida de un lirio espiritual y de la lluvia,

tú me iluminas.

No toques el alba porque pue de transformarte

en un brioso caballo con alas,

puede asomarte a los amores gitanos

y con vertirte en un cuchillo de plata.

Tú me iluminas con tu mano cuan do abres el sol

para que tu belleza alimente la pureza de la luz.

Solo tú me bastas para entrar

y cerrar la puerta de la noche.

Amatista del agua

Amatista del agua,

tú apareces en las líneas de mi mano

sembrando lluvias,

cantando el himno del amor de Edith Piaf,

llevándome de la mano como un ciego

a la hora de la resurrección de mi alma.

Tú eres la esposa de mis sueños

la esmeralda de Notre Dame.

Mi amatista del agua,

mi árbol de la vida sembrado en mis ojos de nieve.

Yo te elegí para que seas mi rosa de los vientos

mi salud, mi torre de marfil

mi perdón y mi vida eterna.

Mi libertad es la poesía

Tengo demasiada música adentro

con todos los registros de mis sentimientos

de la pequeña alma mía que llora callada.

Vivo en un hueco cavado en la roca

y ya no tengo otra vida además de la poesía.

Yo vivo en un sillón en un cuarto le yen do,

oyen do música clásica y escribiendo poesía.

Ahora mi libertad es la poesía,

y mi realidad son mis dolores en el cuerpo,

y la falta de ternura.

Simonetta sabe que la amo

Suite para violonchelo solo nº 4 en

Mi be mol mayor

de J. S. Bach.

Ella, la triste, incapaz de volver tras sus pasos

y repetir como Bach lo innombrable del amor.

Ella sabe que la amo.

Le doy mi vida y la devuelve.

Le aburre mi suicidio. Poca cosa es el alba.

Ella no quiere tocar mi sangre, el óleo

con el que pintó Van Der Weyden

El Descendimiento.

No quiere mancharse el corazón con la sangre

del que lo dio todo por ella

y ser feliz.

Las mujeres tejen un juego mágico

Las almas abandonadas se alimentan de malaquitas,

ponen a asolear sus ojos ciegos

para desentrañar la luz de los eclipses

y hacer anillos blancos.

Mientras tanto

las mujeres tejen un juego mágico

de telas y texturas

para que las lágrimas pue dan bordarse con delicadeza.

Fransisco de Asís Fernández. Nació en Nicaragua en 1945. Poeta y promotor cultural. Es presidente de la Fundación Festival Internacional de Poesía de Granada. Ha publicado los libros: A Principio de Cuentas (Poesía, 1968) con ilustraciones de José Luis Cuevas; La Sangre Constante (Poesía, 1974); En el cambio de Estaciones (Poesía, 1982, con ilustraciones de Fayad Jamís); Pasión de la Memoria (Poesía, 1986); Friso de la de la Poesía, El Amor y la Muerte (1997); Árbol de la Vida (1998); Celebración de la Inocencia (Poesía Reunida, 2001); Espejo del artista (Poesía, 2004), Orquídeas salvajes (Poesía, 2008); Granada: infierno y cielo de mi imaginación (Poesía Completa, 2009) y la antología de poemas Poesía Política Nicaragüense, editada por el Ministerio de Cultura de Nicaragua, entre otros poemarios.

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